Entrenamiento: Pulso vs. Potencia

Con la llegada al ciclismo de los medidores de potencia, la frecuencia cardíaca puede y debe seguir desempeñando un papel importante dentro del entrenamiento. De hecho, la potencia y la frecuencia cardíaca son complementarios entre si. Veamos por qué.
El principio más básico del entrenamiento es el principio de causa-efecto. Existen ciertas dosis de ejercicio, stress o fuerza que causa algún tipo de respuesta. La clave de todo entrenamiento es saber aplicar la dosis perfecta de estímulo para provocar una respuesta, favoreciendo de esta manera la mejora en la forma física. En un mundo perfecto, podríamos aplicar sin límites cargas de entrenamientos para mejorar nuestro estado de forma. Sin embargo, en el mundo real esto no es así, y es donde la figura de un entrenador cobra vital importancia.
La dosis de entrenamiento se puede medir a través de cuatro variables: duración, frecuencia, volumen e intensidad. De todas estas variables, la más difícil del medir es la INTENSIDAD. Podemos medir esta intensidad a través de la potencia instantánea, la velocidad o como nuestra respuesta a la actividad (frecuencia cardíaca, percepción de esfuerzo, lactato, ect). Para muchos deportes como atletismo o natación, donde la resistencia es constante, la velocidad es una gran medida de intensidad y el ritmo es la principal manera que los entrenadores tienen para evaluar las cargas de trabajo. En el ciclismo, donde la resistencia no es constante debido a variaciones como el drafting, el viento, el terreno, la velocidad no es una buena medida para medir la intensidad. Existe una fuerte relación entre la frecuencia cardíaca y la potencia indoor, y de esta manera, el ritmo cardíaco se convirtió en una forma muy popular de medir la intensidad, antes de que los medidores de potencia estuvieran ampliamente disponibles. Pero cuando los ciclistas comenzaron a usar medidores de potencia en sus entrenamientos al aire libre, se pudo comprobar que esta relación no era tan perfecta. Al utilizar sólo la frecuencia cardíaca, los ciclistas estaban visualizando sólo la respuesta a un determinado esfuerzo, lo que ha provocado que muchos ciclistas abandonen el ritmo cardíaco como medida de intensidad, y utilicen sólo la potencia.
El problema real no es si el ritmo cardíaco y la potencia correlacionan perfectamente uno con otro, sino que la potencia y el ritmo cardíaco están midiendo dos cosas totalmente distintas. La POTENCIA mide la cantidad de esfuerzo. El RITMO CARDÍACO mide la respuesta a ese estímulo.
El siguiente gráfico muestra un entrenamiento donde por un lado podemos ver la potencia (línea amarilla) y por otro lado, el ritmo cardíaco (línea roja). Como se puede comprobar, al aplicar un estímulo, el ritmo cardíaco reacciona al mismo, pero se puede observar que lo hace con un cierto desfase, ya que el corazón tarda en adaptarse a la nueva situación. A través de los medidores de potencia, podemos aplicar las cargas de trabajo óptimas desde el primer momento., algo que no conseguiríamos si utilizáramos sólo el ritmo cardíaco.
De esta manera, podemos comprobar cómo reacciona nuestro organismo a ciertos estímulos, y podremos tener una manera precisa de medir nuestras mejoras. Por ejemplo, seremos capaces pasado un tiempo de entrenamiento, de ver cómo nuestro ritmo cardíaco ha descendido para una misma cantidad de potencia, y como con la misma frecuencia cardíaca, somos capaces de desarrollar más potencia. De la misma manera, nos va a permitir detectar ciertas situaciones como fatiga, deshidratación, ect.
En conclusión, la potencia y el ritmo cardíaco son 2 herramientas distintas para medir la dosis de entrenamiento y la respuesta al mismo. La potencia es la forma más precisa para medir la intensidad. Y dado que la frecuencia cardíaca es una variable fácil de medir, siempre la utilizaremos como medida de la respuesta a los esfuerzos.
El Equipo de Ciclociencia
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