LA IMPORTANCIA DE LAS SENSACIONES

Cuando realizamos un entrenamiento estructurado, el objetivo principal que perseguimos es producir las mejores cargas de trabajo posible, en función del tiempo disponible y de nuestras capacidades físicas. Lo ideal es jugar con el volumen y la intensidad para estar al límite de la cantidad de esfuerzo que nuestro cuerpo puede soportar, y para ello, existen multitud de fórmulas y algoritmos basados en estudios que nos permiten apurar al máximo con cada deportista.
Visto sobre el papel suena bien, pero el problema es que esas fórmulas se crearon en base a estudios realizados sobre ciertos grupos de poblacion que pueden pertenecer a diversos grupos identificados. Por ejemplo, no es lo mismo el resultado de un estudio realizado sobre tritatletas de Iron Man, que si se ha realizado sobre población sedentaria o corredores junior. Los resultados son diferentes y en muchos casos (en la mayoría de hecho), las “recetas” que sirven para unos, no sirven para otros. No se pueden usar las mismas fórmulas para un corredor que lleva un año montando en bici, que para otro que tiene 10 años de adaptaciones.

Por este motivo, es muy importante usar métodos específicos que se adecúen a la actividad del deportista, y lo que es más difícil, que se adapte a su nivel de adaptación y forma actual. Para ello, no se pueden ignorar las sensaciones de cada entrenamiento, porque pueden ayudarnos a identificar un exceso de sobrecarga lo que podría tener un resultado no deseado. Hay ocasiones en las que un exceso de motivación, puede hacer que el deportista realice ejercicios que sean contraproducentes para su progresión por el hecho de querer completar el plan indicado. Esto suele pasar en entrenamientos de zona media, no excesivamente exigentes, en los cuales a pesar de estar fatigados, los podemos completar, pero seguramente, las sensaciones para ese entrenamiento no sean las adecuadas.
SI CREES QUE NECESITAS DESCANSAR, DESCANSA 1 DÍA. SI SABES QUE NECESITAS DESCANSAR, HAZLO 2 DÍAS”